martes, 5 de mayo de 2009

10:30

Por Ismael Martínez


Las personas felices no tienen historia

Simone de Beauvoir


Ella y yo tuvimos sexo, una, dos, tres veces. Hicimos eso que hacen hombre y mujer cuando se ven enfrentados al silencio.


Llegamos a casa a las 10:30. Visitamos a sus padres como cada jueves en la noche. Tuvimos una pelea. Es una rutina muy cómoda. Beso a su madre el jueves, le critico su histeria más tarde. Ella, mi mujer, se enfada. Gira, me mira. Gruñe unas palabras. Cambia su cuerpo blanco de sábana, se levanta. Me excita…


Horas después dormimos con un peso cetáceo. Dormimos juntos, su cuello en mi brazo, mi vientre en su ombligo…


Tenemos sexo. Lo hacemos cada vez más porque el miedo se invade de nuestros cuerpos. Miedo a la flacidez, a la inutilidad, al siniestro apetito mental...




Gustav Klimt, Serpientes marinas III, detalle

1 comentario:

SergioBH dijo...

Me gusta, pero algo falta, tal vez depurar más el lenguaje y decir mucho más en un texto de ese tamaño. El segundo párrafo no me termina de convencer, lo demás tiene más fuerza. Hay buen material ahi, felicidades.

SergioBH